Incisión a corazón abierto

INCISIÓN A CORAZÓN ABIERTO

Luna Ortiz

Malherido, desnudo en una cama de hospital, todo cuerpo puede ser perturbador, o al menos, extraño. Ahí, yacente, miramos con desconcierto un pecho o un dorso cuya piel nos parece asombrosamente pálida, y al sentirla, más laxa de lo que pudimos haber imaginado. Los huesos, por su parte, no se disimulan y enseñan sus contornos afilados y groseros. Pero aún más inquietantes, sin duda, son esos cortes púrpuras o azulados que lo surcan o lo traspasan, zurcidos, engrapados, y muchas veces sangrantes todavía.

También sucede, que si ese cuerpo pertenece a una mujer, la impresión aumenta y se multiplica, acostumbrados como estamos a relacionar lo femenino con la belleza y lo masculino con la hosquedad. Frágil y profanado, el cuerpo que recordamos vital y lleno de gracia, ahora nos mueve a la impaciencia o al desconsuelo, al temor o al sufrimiento. No importa de quién se trate, la hija, la hermana o la madre, un cuerpo roto por las heridas, así sea el propio, casi siempre nos resulta ajeno.

Por supuesto, debe tenerse presente que un cuerpo malherido no es aquel que nada más existe o se explica en la nota roja de los diarios, ni sólo es provocado por la lesión de un arma o el traumatismo de un accidente, otros motivos asimismo lo transgreden: las enfermedades y los malestares, la flagelación, los trastornos y las prácticas suicidas, entre muchos. Los primeros, según los recuentos médicos, son los que más nos hieren en la actualidad.

Incisión a corazón abierto es el título de una serie de lienzos de Luna Ortiz, artista oaxaqueña que aborda en éstos un tema infrecuente en las artes plásticas, el cuerpo humano lastimado, acaso tabú debido a la reacción que incita en el espectador mirar lo vulnerable que podemos ser en cualquier momento, o porque el canon de la estética occidental lo ha marginado al considerarlo impropio del arte.

En nuestro medio y en este tiempo, cuando muchos artistas se conforman con la pintura meramente decorativa que les demanda el mercado del arte, Luna Ortiz nos ofrece una propuesta atrevida, no sólo por su contenido: mujeres heridas tras someterse a cirugías por razones médicas, sino también por su técnica: el bordado en textil (hilo sobre fieltro de lana) en el que es maestra desde hace varios años, sobre todo en el bordado “de contorno”.

A manera de paréntesis, es oportuno mencionar que, de acuerdo con las estadísticas del sector salud, la diabetes, la hipertensión arterial y las enfermedades del corazón, además del cáncer de mama y el cáncer cérvico-uterino, están entre las principales causas de hospitalización de las mujeres en nuestro país, cientos de miles de casos al año, de los cuales un alto porcentaje necesitará cirugía como la única opción del tratamiento. Los traumas físicos y psicológicos, las cicatrices en el cuerpo y en el alma que dejarán estas intervenciones médicas, por lo regular se quedarán confinados a la intimidad de quienes las padecen.

Un arte más cercano a las pulsiones humanas ha sido el camino elegido por Luna, temas afines como la muerte, asimismo le han inspirado otras creaciones. Incisión a corazón abierto, su más reciente trabajo refrenda este compromiso suyo y esa solidaridad con el sentir profundo de las personas —de las mujeres en particular— y sus motivaciones.

El arte del bordado, cuyo origen con fines ornamentales, tanto en prendas de vestir como en textiles suntuarios, se remonta al antiguo Egipto, a Grecia y a Oriente, es probablemente una de las técnicas menos apreciadas en las artes plásticas, pero no por ello menos valiosa, basta recordar que en la Edad Media competía con el dibujo y la pintura, y aunque en el Renacimiento se le calificó como un “arte menor” y una tarea de mujeres, para el siglo XIX fue recuperando su importancia de antaño, la que a su vez ha crecido en el arte contemporáneo del siglo pasado y el presente.

Luna Ortiz, artista del bordado y del dibujo a hilo, nos entrega con su Incisión a corazón abierto una mirada singular de los cuerpos malheridos de algunas mujeres, intentando en este afán —según sus palabras—, reencontrarse a sí misma con su propio cuerpo, con sus iguales y con lo que de belleza entraña el saberse viva.

Cuauhtémoc Peña Vásquez

Julio, 2018

 

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